SALVATORE
Agarrándome el cabello, dejo caer la cabeza entre mis manos. “Cinco, cuatro, tres, dos, uno”, murmuro, cantándolo una y otra vez hasta que me siento más controlado. Tenemos demasiado que hacer. Yo tengo demasiado que hacer.
Todavía necesito descubrir quién nos está traicionando antes de que nos mate, y necesito lidiar con la Tríada además de dirigir nuestro negocio legítimo. Estoy exhausto, me arden los ojos y el cuerpo se me cansa, pero tengo que seguir adelante. No puedo parar hasta