COLINA
—¿Dimitri, qué carajos, hombre? —oigo a Rafaele murmurar.
—Bueno, alguien nos tuvo despiertos a todos toda la noche, así que pensé que si venía a bloquear un polvo podría dormir —murmura Dimitri. Gimoteando, entierro mi cabeza más en la almohada.
¿Espera, Dimitri?
Mis ojos se abren de golpe y me doy vuelta, quedando boca arriba, para verlo sonriéndome desde arriba, con Rafaele aún a mi otro lado. —Sabes, tienes un problema con mirarme dormir. Es espeluznante, tío.
Su sonrisa se ensancha.