Capítulo Veintiuno
COLINA
Dimitri se ríe tan fuerte que tiene que secarse los ojos con una servilleta.
—Propongo a Rafaele. —Sonríe con malicia.
—Que te jodan —gruñe con crueldad el tipo grandote.
Salvatore los ignora a ambos, concentrado en su teléfono como siempre. No puedo evitar observarlo, es tan persuasivo, tan refinado… tan frío. Como la nieve. Pero la nieve es hermosa, y cuando se derrite… revela todo lo que escondía.
—Necesito mear —nos avisa Dimitri, deslizándose fuera del asiento—.
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