Dos hombres irrumpieron en la habitación y ahora registraban el polvoriento cuarto. Cada uno llevaba un bate de béisbol en las manos.
Sin armas de fuego. Esas eran buenas noticias.
Parecía que no tenían mucha gente. Por eso les había tomado tiempo llegar hasta esta habitación. Pero aun así, todos eran hombres armados, mientras que Scarlett y Sebastián no tenían nada para defenderse adecuadamente. Era solo cuestión de tiempo antes de que los acorralaran en ese pequeño armario, y si eso sucedía, s