¡¿Qué?!
Todo sucedió demasiado rápido y Scarlett ni siquiera está reaccionando. Su cuerpo se mueve antes de que su mente lo asimile. Sus piernas apenas pueden seguir el ritmo de él. Lo único que sabe es que Sebastián le sujeta la mano con firmeza, su palma cálida y segura.
—¡Cuidado! —Sebastián patea la puerta trasera del almacén, bloqueando el rebote mientras le grita a Scarlett—. ¡Por aquí!
Giran a la izquierda justo después de salir corriendo por la puerta, aunque esta da a un patio enorme.
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