Capítulo 11: Aroma.

Narra Ithiliel:

Sentí como el viento me acariciaba el rostro, y abriendo los ojos, vi como la luz dorada del sol se colaba a través de unas cortinas blancas como la nieve.

Mi cuerpo se sentía pesado; como si me hubiera peleado con un alce y hubiera perdido la batalla. Incorporándome un poco, intenté recordar que era lo que había pasado, así como descifrar en donde estaba, pues aquel techo no correspondía al de la habitación que el Alfa Arien me había asignado. Sin embargo, para mi enorme sorpresa, me encontré con el Alfa dormido incómodamente a mi lado sentado en una silla que parecía quedarle mucho más pequeña en relación a su enorme cuerpo.

Repentinamente, los recuerdos de aquel horrible dolor que sentí llegaron a mí; durante mi caída del muro, sentí claramente el mismo dolor de vínculo que sentía cada vez que Gabriel se metía en la cama de Faela, así como el dolor que me hirió durante mi escape de sus tierras después de que el prefirió salvarla a ella. Apresurada y con el corazón e
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