Unos días después de aquella llamada, llegué por fin a la ruta que tanto había soñado recorrer. Más allá de la ventanilla se extendía una sucesión de montañas nevadas, bajo un cielo tan azul y tan cercano que parecía poder tocarlo.
Estacioné junto a un mirador y levanté la cámara. El clic del obturador me hizo sentir un poco desorientado. Hacía años que no tomaba la cámara de aquella manera.
Por Mónica había abandonado mi carrera, mis sueños e incluso a mí mismo. Ahora que volvía a hacer lo que