Capítulo 10
El cuello de la camisa le oprimía la garganta a Adrián. Apenas podía respirar y solo alcanzó a decir:

—Créeme. Yo no le hice ningún daño.

Ella lo soltó de golpe, con los ojos llenos de decepción.

—Lárgate.

Adrián se estremeció.

—Mónica…

—¡Te dije que te largaras! Voy a cambiar el código de la puerta. Si vuelves a entrar en mi casa sin permiso, llamo a la policía.

Él tenía el rostro blanco y una expresión herida, pero ella ya le había dado la espalda y no volvió a mirarlo.

Al día siguiente, Adriá
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