Unos días antes había llamado a Tomás y escuchado la voz de Mónica. Desde ese momento sabía que encontraría la manera de llegar hasta mí.
—Sí —le respondí a Camila, mirando a Mónica—. Es Mónica. Estamos separados y he decidido divorciarme de ella.
Camila respiró aliviada. Mónica, en cambio, frunció aún más el ceño.
Se acercó un paso y me miró fijamente.
—Hablemos, por favor.
Después de tantos años juntos, merecíamos un final digno. Acepté y fuimos al mirador que había frente a la posada.
Un larg