Mi madre finalmente quedó fuera de peligro. Los especialistas internacionales ajustaron el tratamiento y, una semana después, pudo salir de terapia intensiva.
El día que me dieron la noticia, me senté en un banco frente a su habitación, hundí la cara en las manos y lloré durante un buen rato. Todo el miedo, la angustia y la impotencia que había acumulado en aquellos días encontraron por fin una salida.
—Diego.
Camila me ofreció un pañuelo de papel y se agachó frente a mí. Habló con cierta torpez