CAMELLIA
Unos golpes fuertes en mi puerta me hicieron saltar de la cama. Los golpes siguieron, haciendo que saliera corriendo de mi habitación para abrir la puerta.
—Ay. —Me encogí de dolor. Me golpeé el dedo del pie en el borde de la silla al pasar corriendo junto a ella.
—Quienquiera que esté al otro lado de la puerta más le vale ser una persona razonable —me dije a mí misma mientras cojeaba hacia la puerta.
—Buenos días, señorita. —Vincent me saludó cuando abrí la puerta principal.
—¿Por qué