CAMELLIA
—Tú… ¿te arrepientes de ser mi subrogante? —preguntó con voz temblorosa. Lo miré fijamente, tratando de leer su expresión.
—Sí. No me diste opción. Me arrepiento de ha—
Sus labios estaban sobre los míos.
Me quedé ahí paralizada, sin poder moverme ni reaccionar. Su lengua se adentró aún más en mi boca. Mordió mi labio inferior para afirmar su dominio. Bajé la guardia y me incliné hacia el beso.
Lo empujé lejos de mí. Retrocedió un poco y me miró a los ojos. Sus ojos estaban llenos de em