Capítulo 167.
La pala se hundió en la tierra por última vez, mientras la mandíbula apretada del albanés dejaba clara su postura en esa ocasión. Darek dejó caer el último puñado sobre el túmulo que se alzaba entre los árboles, dejando poco a la imaginación de lo que allí había. Las sombras alargadas de algunos arbustos cubrían los rostros de los hombres que lo miraban en silencio, como si incluso respirar en su presencia fuera imprudente. No quiso ayuda, tal intención de descargar su furia de alguna manera.