Él respiró profundo, como si estuviera tomando una gran decisión.
—Está bien. Lo acepto.
Al escucharlo, me di la vuelta sin decir una palabra y me fui sin mirar atrás.
Hice mis maletas, esperando que el vínculo de compañero se rompiera para poder marcharme.
Pero durante los días siguientes, Ramón desapareció por completo. No atendía mis llamadas, ni se dejaba ver por ningún lado.
No podía encontrarlo, y eso me frustraba demasiado.
Ya no quería seguir en esa casa. Así que decidí irme de una vez.