Capítulo 90
El núcleo de la nave insignia rugía con una frecuencia que no era de este mundo, un lamento de energía pura que hacía que las paredes de aleación vibraran hasta casi licuarse. En el centro de aquel torbellino, Isolde permanecía arqueada, con la espalda pegada al pecho de Alaric y la cabeza echada hacia atrás sobre su hombro. Sus ojos estaban completamente bañados en un blanco eléctrico, y de sus dedos brotaban filamentos de luz que se hundían en los puertos orgánicos del pilar centr