Capítulo 86
La luz de la luna, filtrada por los ventanales de la villa, caía sobre el pequeño vial de cristal que Valerius había dejado en el suelo. Alaric permanecía inmóvil, con los músculos en tensión y la respiración contenida, observando el polvo plateado que brillaba con una palidez mortuoria. Era el residuo de una vida, el eco de lo que el linaje Vance hacía con las mujeres que decía amar.
Isolde se despertó por el súbito cambio en la temperatura de la habitación. Al ver a Alaric de pie,