El estruendo de la fortaleza se hizo ensordecedor. Las columnas negras vibraban con cada latido, proyectando sombras que danzaban como serpientes alrededor de Ciel. Su cuerpo se arqueaba, como si quisiera escapar de sí misma, y su grito se mezclaba con un sonido antiguo, profundo, que parecía surgir de las entrañas mismas del mundo. Ian y Jordan la rodeaban, cada uno intentando aferrarse a un hilo de control, a la mínima señal de conciencia de Ciel, pero las fuerzas que la arrastraban eran más