—¡¿Qué te pasa, idiota?! —gritó—. ¡¿Te volviste loco o qué?!
Le soltó una bofetada que resonó dentro del auto. Ian se quedó inmóvil, con la cabeza girada, el rostro endurecido. Pero algo en él ya se había roto.
—¡Déjame en paz, maldita sea! ¿Qué te importa mi vida? ¡No entiendo nada!
—Tú no lo entiendes... —murmuró Ian, con la mirada oscurecida—. ¡¡No entiendes nada!!
De repente, Ian perdió el control. En un movimiento casi animal, la sujetó por las muñecas y la empujó hacia el respaldo del asi