El aire ardía de tensión, cargado con la energía residual del Eclipse. Ciel yacía en brazos de Ian, inconsciente, su piel bañada por el resplandor carmesí que seguía latiendo débilmente alrededor de ella, como brasas a punto de apagarse.
Pero nadie en aquel campo podía ignorar lo que había presenciado: el despertar incompleto del Eclipse.
Kaelion, con su ejército envuelto en fuego, rugió órdenes con su voz implacable.
—¡Ahora o nunca! ¡El Eclipse está debilitado! ¡La tomaremos y la purificaremo