El eclipse había terminado, y con él, la tormenta de sombras y poder ancestral que había sacudido la fortaleza Vorlak. La luz del sol se filtraba lentamente por las ventanas, iluminando los muros que aún conservaban cicatrices de la batalla. Sin embargo, aquella luz no traía miedo, sino una sensación de renacimiento y equilibrio.
Ciel caminaba entre los pasillos de la fortaleza, sintiendo su sangre híbrida fluir con calma y claridad. Por primera vez, comprendía completamente su poder: la fusión