El salón central de la fortaleza Vorlak se había transformado en un campo de guerra ancestral. Columnas flotantes, suelos cambiantes y sombras vivientes se entrelazaban, creando un laberinto imposible. Cada rincón estaba saturado de energía que oscilaba entre luz y oscuridad, reflejo del eclipse que iluminaba la fortaleza.
Arkan emergió en el centro, más imponente que nunca, con su forma oscilando entre humano y sombra ancestral. Sus ojos, dos faros de memoria y poder, recorrían a los tres port