La fortaleza Vorlak temblaba con cada paso de la sombra ancestral. Sus ojos brillaban como dos soles oscuros, y su sonrisa reflejaba siglos de conocimiento y poder. El suelo parecía vibrar bajo la presión de su energía, y cada objeto en la sala proyectaba sombras alargadas que se retorcían, como si quisieran atrapar a los tres portadores.
—Ciel —dijo Ian, su voz grave y tensa—. Mantén tu enfoque. Esta vez no son solo ilusiones ni trampas: es un ataque directo a nuestra mente y cuerpo.
—Lo sé —r