El sol se ocultaba tras los picos de la fortaleza Vorlak, y el cielo comenzaba a teñirse con los primeros tonos verdosos del eclipse. Ciel caminaba por el patio central, sintiendo cómo su sangre híbrida reaccionaba al ambiente: la mitad humana le daba sensibilidad y percepción, mientras la mitad vampírica aumentaba su fuerza y reflejos. Era un equilibrio delicado, pero cada día más estable.
—Ciel, ven —llamó Ian desde las escaleras que llevaban a la torre de entrenamiento—. Tenemos que revisar