El amanecer traía un aire inquietante al campus. Las sombras de los árboles parecían alargarse más de lo normal, y el viento llevaba consigo un silencio extraño, cargado de presagio. Ciel, Ian y Jordan estaban reunidos en la azotea, repasando los antiguos textos y los símbolos del ritual de la noche anterior.
—No podemos relajarnos —dijo Ian, sus ojos recorriendo el horizonte—. Azrael no atacará al azar. Lo hará cuando menos lo esperemos, y será rápido, preciso, estratégico.
Jordan asintió, obs