Al amanecer, el campus parecía tranquilo, casi indiferente a la batalla que había tenido lugar la noche anterior. Sin embargo, Ciel, Ian y Jordan no podían permitirse bajar la guardia. Sabían que el cazador no atacaría de inmediato de nuevo, pero su presencia acechante todavía colmaba el aire.
—Tenemos que rastrear pistas —dijo Ian, mientras hojeaban los antiguos tomos y pergaminos que habían recolectado—. Cada movimiento, cada ataque que hizo, debe tener un patrón. Hay algo en su pasado que po