El campus estaba desierto, bañado por la luz pálida del atardecer que se colaba entre los edificios. Todo parecía tranquilo, pero la tensión era palpable. Ciel caminaba junto a Ian y Jordan, sus pasos pesados, como si cada movimiento consumiera su energía. La adrenalina del enfrentamiento aún corría por sus venas, y la marca del eclipse en su muñeca ardía con un calor persistente, recordándole que el peligro no había desaparecido.
—Tenemos que entender quién es —dijo Ian, su voz firme, pero car