Ian se interpuso entre Ciel y la sombra de Artaxiel, aunque apenas podía sostenerse. Sus ojos brillaban con un dorado desafiante.
—¡No volverás a tocarla! —rugió, levantando la mano, liberando un estallido de energía que iluminó el campo como un sol en miniatura.
Artaxiel no se inmutó. Sus ojos como brasas negras se posaron en Ian con desprecio.
—¿Tú? Un niño jugando a ser heredero. Eres solo una chispa en la tormenta que yo creé.
Jordan apareció al lado de Ciel, tomándola del brazo para aparta