El grito de Ciel desgarró la caverna, y con él, todo se quebró.
Una ola de energía salió disparada desde su cuerpo, mezclando sombra y luz en una explosión imposible. Las paredes se partieron como cristal, el techo se desplomó en fragmentos incandescentes y el suelo se abrió en grietas profundas, como si el mundo mismo se rindiera ante su despertar.
Los soldados de los clanes fueron lanzados por los aires como muñecos de trapo. Escudos mágicos se hicieron trizas, lanzas se fundieron, y los más