El grito de Ciel desgarró la caverna, y con él, todo se quebró.
Una ola de energía salió disparada desde su cuerpo, mezclando sombra y luz en una explosión imposible. Las paredes se partieron como cristal, el techo se desplomó en fragmentos incandescentes y el suelo se abrió en grietas profundas, como si el mundo mismo se rindiera ante su despertar.
Los soldados de los clanes fueron lanzados por los aires como muñecos de trapo. Escudos mágicos se hicieron trizas, lanzas se fundieron, y los más cercanos quedaron reducidos a cenizas en un instante.
Azereth levantó un muro de sombras, pero hasta él fue arrastrado, gruñendo con furia mientras retrocedía varios metros.
Ian intentó acercarse a ella, pero la presión del poder lo empujó contra la roca, haciéndole sangrar por la nariz.
—¡Ciel! —rugió, desesperado.
Jordan resistía mejor, rodeado por un círculo de plata que lo mantenía de pie, aunque su brazo derecho ardía con heridas abiertas.
—Esto… esto no es humano… —murmuró, y por primera v