Los escombros aún humeaban donde el cuerpo de Kaelion se había desvanecido. El silencio era absoluto; solo se escuchaban las respiraciones agitadas de Ciel e Ian, mezcladas, unidas por ese vínculo que ardía en sus venas.
La líder del norte fue la primera en romper el mutismo. Su voz, helada como cuchillas de hielo, resonó en la penumbra:
—La derrotaste… pero al hacerlo confirmaste lo que todos temíamos. El Eclipse no es un don, sino una amenaza.
Los ojos de Ciel, aún brillantes, se clavaron en