Ciel sostenía el relicario con las manos temblorosas.
El metal quemaba, pero no por el calor… sino por la verdad que estaba a punto de abrirse ante ella.
—¿Estás lista? —susurró Vanesa, con la voz entre temerosa y esperanzada.
Lorenzo solo la observó con ojos cansados, como si ya supiera que después de esto, nada sería igual.
Ciel abrió el relicario.
Una ráfaga de luz plateada la envolvió, y fue arrastrada por una fuerza ancestral más poderosa que el tiempo.
🌘 VISIÓN DEL ORIGEN
Era un campo