El silencio del cementerio era denso, solo interrumpido por el crujido de las hojas secas bajo los pies de los presentes. La luna llena bañaba las lápidas con su luz pálida.
De pronto, una risa oscura rompió el aire.
—¿Qué haces aquí, viejo Lorenzo? —dijo una voz sarcástica, cargada de desprecio—. ¿Jugando al protector con mi esposa?
Ian apareció desde las sombras, elegante como un noble, pero con la mirada cruel de un depredador.
Lorenzo se puso de pie de inmediato, colocándose entre Ian y Ciel