Leo la miró profundamente, con los ojos cansados, pero esta vez sin alzar la voz. Solo con verdad.
—Te dejo ir… si eso es lo que tu corazón te pide.
Sé que te están llamando.
Es mi padre… tu abuelo. El monarca.
Ciel se congeló.
—¿Tu… padre?
Leo asintió, y por primera vez, pareció más humano que inmortal.
—No todo lo que dejé atrás está muerto. Hay fuerzas más antiguas que yo… y tú has despertado algo que llevaba siglos dormido.
🌑 CEMENTERIO VIEJO – MINUTOS DESPUÉS
Ciel caminaba con el corazón