El interior se convirtió en un torbellino de violencia. La primera figura encapuchada apenas logró dar un paso antes de que Ian lo derribara contra la pared con un golpe seco de su hombro. El sonido del cráneo al chocar contra la madera resonó como un tambor de guerra. Sin perder tiempo, Ian hundió la daga en su pecho, pero el encapuchado no cayó de inmediato: una fuerza oscura lo mantenía de pie, gruñendo como un animal.
Jordan, por su parte, recibió a otro enemigo con un puñetazo directo a la