El último rastro de chocolate se deslizaba por tu dedo cuando escuchaste un crujido suave entre las hojas. No era el viento. No era un animal. Era una presencia… conocida.
—Disfrutas demasiado eso —dijo una voz masculina, profunda y grave, saliendo desde la sombra.
Ian.
Apenas dio un paso hacia la luz, sus ojos —rojos, intensos— bajaron hacia tus labios manchados de chocolate. Por un instante dejó de respirar… como si algo dentro de él se tensara.
Tú te quedaste quieta, todavía sosteniendo el r