La figura dentro del humo se alzó por completo.
Era imponente: sus alas oscuras se desplegaban como velas de tormenta, su cuerpo irradiaba siglos de fuerza pura, y cada respiración parecía arrancar el aliento del mundo.
El primer vampiro había despertado, y con él, el eco de todas las profecías antiguas.
—¡Ciel, retrocede! —gritó Ian, bloqueando su paso.
El aire a su alrededor crepitaba, cargado de electricidad pura.
Cada segundo que pasaba, la energía del primer vampiro crecía, alimentándose d