El rugido del cielo se oyó hasta en las montañas del norte.
Los ríos se detuvieron por un instante, el viento se apagó.
Y luego… todo estalló.
Un resplandor dorado descendió sobre los territorios vampíricos, seguido por una onda de energía tan inmensa que hizo colapsar las torres de Vorlak.
El suelo se abrió en grietas profundas, como si la tierra misma sangrara.
Jordan, cubierto de polvo y ceniza, levantó la vista hacia el firmamento.
Allí, en medio del caos, una esfera de luz flotaba sobre lo