Leonardo observaba desde la ventana cómo Ciel, con su mochila al hombro, cruzaba el portón de hierro rumbo a la universidad. La bruma matinal cubría los jardines, y el aire parecía contener un presentimiento. Él no era un hombre que confiara fácilmente, y menos después de lo que había ocurrido la noche anterior. Dormirla había sido la única forma de evitar que presenciara lo que Jordan y Ian estaban a punto de hacer.
Esa mañana, en el campus, todo parecía normal… o casi. Los estudiantes iban de