Ciel despertó con un suspiro ahogado.
El cuarto estaba envuelto en penumbra, apenas iluminado por la luz azulada que entraba por la ventana.
El sonido de la lluvia repicando contra los cristales llenaba el silencio con un ritmo lento, casi hipnótico.
Por un momento no supo dónde estaba.
Hasta que reconoció el aroma.
Ese olor inconfundible a madera, metal y sangre seca.
Ian.
Estaba sentado junto a la cama, la cabeza apoyada en una mano, los ojos fijos en ella.
No había dormido.
Ni siquiera se mo