El amanecer volvió a teñir las torres de Vorlak, pero la calma era solo un disfraz.
Ciel despertó sobresaltada en su habitación; el eco de un grito seguía vibrando en su mente. No sabía si era un recuerdo o una advertencia. Afuera, el viento golpeaba los vitrales con furia, como si las montañas intentaran hablarle en un idioma antiguo.
Se incorporó, aún vestida con las vendas de la noche anterior. Cada herida ardía con una energía distinta: la marca del poder híbrido.
El espejo frente a ella re