Me levanto muy temprano por la mañana, listo para irme a la oficina y finiquitar todo el trabajo que dejé pendiente, antes de regresar a Nueva York. No voy a dejarle el camino libre a ese doctorcito que pretende quedarse con lo que me pertenece.
Los gritos entusiasmados de mi hija se escuchan desde lo alto de este piso. Bajo los escalones de dos en dos, para saber la razón que la tiene tan emocionada. Una vez que me ve aparecer, sale corriendo en mi dirección con el teléfono de su abuelo en alt