- Cariño, ven conmigo -le pidió con voz suave y dulce-. - No me tengas miedo -concluyó, pero Alessa ocultó el rostro.
- Señorita Alessa -escuchó una voz a lo lejos que la llamaba varias veces hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para darse cuenta de que era Iolanda y finalmente abrió los ojos. - Por fin estás despierta -dijo aliviada-. - ¿Has tenido una pesadilla? - preguntó desconfiada, mirando a su alrededor.
- Sí... Quiero decir, no exactamente, sólo comí demasiado y terminé sint