**AVA DUVAL**
La lluvia golpeaba el cristal de la ventana, el viento la arrastraba con furia en un frenesí.
Entré en la cocina con un grueso camisón que me llegaba hasta las piernas. Mis chanclas eran de peluche, pero no bastaban para protegerlas del frío.
«Está lloviendo a cántaros. Me pregunto dónde estará Ethan», dije en voz alta, aunque no esperaba respuesta.
No había visto ni rastro de él desde que empezó el día, y sin embargo su aroma seguía impregnando la casa como si estuviera pre