Mundo ficciónIniciar sesiónCAPÍTULO XX. OJOS DE PLATA
Anissa
Aún con lo agotada que me sentía, debí levantarme a primera hora el día siguiente, al igual que el resto de mis compañeras, para limpiar. Parecía que el trabajo en el Palacio era interminable, pues, si haber decorado y organizado fue una odisea, limpiar y recoger todo era la cereza del pastel.
Y lo peor era que







