Parte 4. Capítulo 32. El rescate
Luego de casi una hora de arduo trabajo, la tierra que mantenía apartados a Gregory y a Deibi cedió. Un cúmulo de piedras y barro rodó por el suelo abriendo un boquete lo bastante grande como para que pasara una persona, aunque encorvada.
La cara de semblante enloquecido de Ray apareció al disiparse el polvo. El moreno llevaba un casto de minero puesto en la cabeza, con una linterna encendida.
—¿Se alegran de verme? —les preguntó con sorna. Gregory miró a Deibi con escepticismo.
—¿Tengo que res