Parte 4. Capítulo 33. ¿Qué quieres de mí?
El trinar de los pájaros se hizo sentir de nuevo sobre los viejos techados. La brisa marina hacía danzar a las gigantescas palmeras cargadas de cocos, que se erguían majestuosas por encima de las copas de los árboles.
El calor del sol hacía mella en el asfalto polvoriento que en algunos lugares podía verse rasgado por culpa de los terremotos. Largas grietas atravesaban las desoladas calles de La Costa, hiriendo a paredes y columnas de las casas.
Las viviendas, cuyas bases se vieron más afectada