Parte 2. Capítulo 47. Calma
Semanas después…
Los cuatro guerreros sonreían con satisfacción mientras hundían los dedos de los pies en la suave arena. El color mostaza del suelo que pisaban se aclaraba a medida que llegaba a la orilla del mar, donde se mezclaba con la blanca espuma que producían las olas al romper.
Desde allí el agua reflejaba el azul de un cielo despejado que se intensificaba a medida que se hacía más profundo y se perdía en el horizonte. El único objeto que rompía la uniformidad celeste del firmamento er