Al ver al hombre inconsciente, los otros tres se quedaron boquiabiertos. Conocían muy bien la falta de tacto de América. Sabían que nunca pensaba dos veces antes de hacer o decir algo.
Sin embargo, no pudieron evitar paralizarse de la sorpresa al ver cómo noqueaba al hombre. Diego fue el primero en salir del asombro.
—¡Bueno, esto es espléndido! — exclamó mientras aplaudía con dramatismo—. Pasamos años persiguiendo a este hombre para usarlo como carnada, ¡y tú lo mataste!
El rostro de Dan