Capítulo 19.
Alver a Alessandro junto a su hija, el padre de Elena perdió de inmediato toda la arrogancia que había mostrado segundos antes. Con un gesto frenético de la mano, detuvo a los guardias de seguridad que venían tras el empresario, incapaces de haber impedido la entrada de un hombre de su calibre, y tragó saliva antes de forzar una sonrisa sumisa.
—Alessandro, hijo... —articuló con fingida cortesía, tratando de recuperar el aliento—. Qué sorpresa. ¿A qué debemos el honor de tu visita