Entré en la mansión por la puerta de servicio, moviéndome con cuidado para no despertar a nadie. Mis pies descalzos apenas hacían ruido sobre el mármol. Me escabullí en mi habitación y puse el cerrojo. Me deshice de la ropa que usé en el club y la escondí en el fondo del armario. Después de una ducha rápida, me acosté, pero el recuerdo de la fuerza de aquel hombre y la intensidad de lo que pasó en la oscuridad no me dejaba conciliar el sueño, todavía podía sentir como sus manos acariciaban mi piel, el sabor de sus besos sobre mis labios. Pero no, no podía seguir pensando en eso, tenía que sacarlo de mi mente, aquello sólo había sido una locura, un momento sublime, pero una locura al fin. A la mañana siguiente, bajé al comedor. Mi padre ya estaba allí, revisando unos documentos mientras desayunaba. Me miró con una seriedad que ya conocía.—Elena, siéntate. Tenemos que hablar del futuro de esta familia.Mi madrastra, Beatriz, entró en ese momento y se sentó a mi lado con una sonris
Leer más