El pabellón principal de la residencia Valenti desbordaba opulencia. La élite de Nueva York se congregaba entre copas de cristal, trajes a medida y la expectativa de la gran carrera de caballos de la tarde. Sin embargo, para Elena, el aire se había vuelto irrespirable. La presencia de su padre, Leonardo, caminando por el lugar como un invitado de honor mientras sostenía la vida de su madre en un hilo, le provocaba una angustia voraz.
Alessandro regresó a su lado, sosteniendo dos copas de champá